lunes, 3 de noviembre de 2008

Lecturas



Ni pipa ni cuadro
Fernando Rodríguez Genovés
Cuando una pipa pintada en un cuadro y cuando un cuadro que cuelga en la pared, ya no son, respectivamente, ni pipa ni cuadro, cabe preguntarse qué queda de arte en el arte
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Cuando pensamos en los hechos cruciales que han impactado en la historia del arte, logrando cambiar su sentido y significación con especial efecto, comprobamos cómo destacan dos de ellos: 1) la caracterización del arte como oficio y 2) el problema de la representación.
Cuando el arte no era más que oficio, no había artistas elevados sobre su torre de marfil, sino operarios a pie de obra o encaramados en un andamio, artesanos. No brillaban todavía sobre las pasarelas los artistas sublimados ni las vanguardias marcaban las modas, aunque sí podía verse laborar a maestros sublimes. Más tarde, ellos y ellas dominaron la situación.
Cuando en el arte los autores irrumpieron en la escena, cuando las firmas destacaban más que los trabajos, artesanos y artistas se diferenciaron definitivamente entre sí, y la creación artística sufrió un golpe mortal:
«porque recordad –afirmaba Oscar Wilde– que separando al uno del otro [artista y artesano] aniquiláis a ambos: despojáis a uno de todo motivo espiritual y de toda alegría imaginativa, y aisláis al otro de toda verdadera perfección técnica.»
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Cuando el espíritu y la materia llegan a sintetizarse en el arte surge el misterio, y acaso también, la maravilla. En este sentido, ha llegado a hablarse, por ejemplo, del misterio de las catedrales como expresión simbólica superior del arte convertido en singular sabiduría. Las pirámides de Egipto o, el más próximo referente en el tiempo, el Monasterio de San Lorenzo del Escorial, no serían tampoco ajenas a dicho planteamiento. Sea como fuere, no es preciso asignar a esta dimensión de lo estético una significación o connotación estrictamente religiosa.
Cuando el arte es auténtico y vital, cuando merece tal nombre, remite siempre a lo sagrado, es decir, al ámbito de lo intemporal y lo impenetrable.
Cuando uno anhela escapar del mundo, no sale del mundo. Por más que pretenda huir del mundo, los misterios son de este mundo. Este mundo, en el que están y caben, como sabemos, todos los mundos.
«El monasterio de El Escorial es un esfuerzo sin nombre, sin dedicatoria, sin trascendencia –escribe Ortega y Gasset–. Es un esfuerzo enorme que se refleja sobre sí mismo, desdeñando todo lo que fuera de él pueda haber. Es un esfuerzo consagrado al esfuerzo.»
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Cuando los artistas se crearon a sí mismos, y denominaron a sus trabajos obras de arte, dejaron de ser simples personas, convirtiéndose de inmediato en personajes muy interesantes. En realidad, no es que dejaran de producir objetos, pero desde ese instante su mayor anhelo fue alcanzar el estatus de protagonista máximo del proceso artístico. Sucede que un autor no se somete al objeto, sino que es la obra la que debe ajustarse al autor.
Cuando en 1959 el Gobierno francés, por el influjo de De Gaulle y su «gran amigo» André Malraux, creó a cargo del contribuyente el Ministerio de Asuntos Culturales, comenzaron a darse los pasos decisivos en la transformación del artista en funcionario. Como consecuencia, la Seguridad Social incluyó en su protector organigrama la categoría de «artista», un «cotizante» más, quien algún día cobrará una pensión. Para un republicano francés, las monarquías pueden llegar a desaparecer un día, mas el Estado nunca jamás.
En la actualidad –ha hecho notar Marc Fumaroli–, en Francia, pertenecen a ella [categoría burocrática de «artista» en la SS] cerca de 50.000 personas. Este aumento exponencial de «creadores» no se ha correspondido con el del público que visita las «creaciones».
Cuando el verso canta que el arte imita a la naturaleza, replica la Interpretación que eso es rapsodia arcaica, casi una arcadia arcana. Que la naturaleza debe imitar al arte sí es consigna con futuro, o mejor, con progreso. El triunfo decisivo del Sujeto sobre el Objeto queda de manifiesto en la convicción expresa o tácita según la cual los objetos deben inclinarse ante la presencia del autor. El artista –el creador, libre y genial– logra que las cosas dejen de ser lo que son para alcanzar la condición de «objeto artístico» dominante, sobresaliente. Cae el telón. He aquí el arte resumido en cuatro palabras: «¡El autor! ¡El autor!».
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Cuando los artistas concentran sus esfuerzos en serlo de veras, llegan a convertirse en sujetos muy ingeniosos. Llegan incluso a producir obras con valor de manifiesto, lo cual supone una manera de comunicar más indirecta, más en clave, más conceptual, que la del mero pintar, componer o esculpir.
René Magritte consigue la más célebre representación de las virtualidades y perplejidades de las representaciones de la representación ofreciendo al mundo el cuadro titulado Ceci n´est pas une pipe, La pintura naturalmente representa un pipa, mas al ponerle a la cosa título (La traición de las imágenes) y subtítulo (el ya conocido de que eso no es una pipa), produjo en el espectador algo más que una impresión estética: un grande estupor y desconcierto. Pero, ¿esto qué quiere decir? Ocurre que las cosas nos engañan y las imágenes nos traicionan. Conceptos a brochazos. O sea, como Platón, pero sin Platón.
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Cuando Picasso dejó ver el retrato que había pintado entre 1905 y 1906 de la escritora Gertrude Stein, no poca estupefacción dicen que experimentaron quienes lo contemplaron por primera vez. Al ver retratada de aquella manera a la dama, cualquiera diría, en verdad, que nos hallamos ante una mujer muy mal tratada. Mujer poco agraciada físicamente, Stein tenía treinta y dos años cuando posó para Picasso. Ambos alcanzaron en ese instante, cada uno a su manera, la eternidad.
¿Qué sentenció Picasso a la sazón? Algo así: «Todos piensan que ella no se parece en nada al retrato, pero no hay que preocuparse; al final, llegará a ser exactamente así.» O en versión más reducida: «¿No se parece? Pues ya se parecerá». Juzgue el lector mismo a la vista de la fotografía tomada por Man Ray de la escritora, dieciséis años después ser pintada por Picasso, si el vaticinio del pintor malagueño fue exagerado o no. ¿El arte imita la realidad o la realidad al arte? Picasso, con veinticinco años, acaba pintando de memoria a la modelo, pues la miraba y no acaba de verla como es. Finalmente, así habló el oráculo, poco más o menos: «Ahora, amiga mía, sólo hace falta que usted se parezca al cuadro». Pero, ¿qué significa esto?
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Cuando el propósito del arte consiste en crear en el espectador más desazón, sinsabor y sospecha que goce sensual, arrobo emocional e incluso éxtasis; cuando el catálogo de una exposición de pintura o escultura tiene más valor que la exposición misma; cuando los museos miden el éxito de las muestras que programan por los kilómetros de colas que llegan a formarse frente a sus puertas y por los catálogos vendidos en la tienda; cuando la presumida explicación de una obra artística, servida por un presunto experto, se tiene por más importante que la directa contemplación por parte del espectador, entonces algo pasa en el arte que no se entiende, la verdad.
Cuando el arte, en resumidas cuentas, se concibe sólo como pretenciosa provocación y como vana operación publicitaria, entonces el arte se convierte materialmente en «una mierda».


Cuando un gran número de artistas subvencionados empiezan a referirse a sí mismos como «artistas» y «creadores», o todavía peor, corporativamente como «mundo de la cultura», ofendiéndose además cuando son tildados de «titiriteros», entonces, queridos amigos, uno ya no sabe muy bien lo que ha quedado del arte, más allá de la autocomplacencia, la propaganda, el camelo, la farsa, la mediocridad, la protección oficial y el Ministerio de Cultura.

jueves, 16 de octubre de 2008

Traductor de Faulkner

Resulta que dentro de seis meses, el 25 de septiembre para ser precisos, Faulkner cumple 111 años. Aún nos devanamos los sesos (y las carnes, diría él, si es verdad que la memoria cree antes que el conocimiento recuerde, como se apunta en el capítulo 6 de Luz de agosto) para aprender a ser sus contemporáneos. En otro lugar que ahora no recuerdo dice así: time is a bottomless bankless river, cosa que se entiende bien si se ve cómo fluyen detenidas las aguas del Mississippi, cómo se remansan en su cauce, y más si recuerda el alma dormida lo que ya dijo Jorge Manrique. Para entonces, por septiembre, habrá en castellano una traducción nueva de ¡Absalón, Absalón!, ficción suprema en el canon faulkneriano y, hablando en plata, una de sus tres o cuatro inexcusables novelas cumbre. Saldrá en Belacqva, en un sello llamado oportunamente «La otra orilla». Hacía falta hacerla, de lo cual se dio cuenta un editor de raza como es Pere Sureda. Ahora no voy a entrar en el porqué, pero conste que falta hacía. Entre otras cosas, porque era necesario reinstaurar un Faulkner traducido al castellano en su lugar correspondiente después que Faulkner se haya filtrado en la narrativa en lengua española por obra y gracia de Juan Benet y Javier Marías entre otros, pero éste sería cuento largo. Era en todo caso preciso que alguien la hiciera, y cuando me lo propuso no le pude decir que no, a pesar de la acusada tendencia Bartleby que uno tiene. (No tienen precio las camisetas que con el lema Bartleby ha puesto en circulación Antonio Ramírez, de La Central, aunque las venda a seis euros.) Tiempo habrá entonces de que hablen otros de esa novela. Yo ahora me limito a consignar una experiencia en la que la angustia de lo imposible ha corrido pareja al gozo inmenso de lo real. Ha sido, de largo, la traducción más difícil, más extenuante y más placentera que haré nunca (a menos que haga alguna vez otro Faulkner, y con el permiso de Beckett). Me ha servido para entender que los grandes escritores se traducen solos si uno sabe poner a su servicio todo su arsenal lingüístico, toda su paciencia de hilandera minuciosa, toda la sagacidad verbal que pueda tener, y no importa mucho que sea poca”

Miguel Martínez-Lage,
“El Pez de Tinta, 13. Lectura de ausencias”, La casa de los malfenti, verano 2008,
(http://www.lacasadelosmalfenti.com/anumero27/pez.html)

¡Absalón,Absalón!

Miguel Martínez-Lage ofrece una traducción ejemplar de ¡Absalón, Absalón! (Belacqua de Ediciones y Publicaciones, S.L., La otra orilla, 2008), ajusta las cuentas a Mª Eugenia Díaz Sánchez y hace justicia a la traducción de Beatriz Florencia Nelson, aun retocada por Encarna Castejón.




¿Cuál es la identidad verdadera de Beatriz Florencia? Miguel Martínez-Lage se lo pregunta en el posfacio y aventura una respuesta verosímil.

martes, 7 de octubre de 2008

Retrato reciente de Mi Centón


Desfalecimento gradual da minha vida ...

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Tenho assistido, incógnito, ao desfalecimento gradual da minha vida, ao soçobro Lento de tudo quanto quis ser. Posso dizer, com aquela verdade que não precisa de flores para se saber que está morta, que não há coisa que eu tenha querido, ou em que tenha posto, um momento que fosse, o sonho só desse momento, que se me não tenha desfeito debaixo das janelas como pó parecendo pedra caído de um vaso de andar alto. Parece, até, que o Destino tem sempre procurado, primeiro, fazer-me amar ou querer aquilo que ele mesmo tinha disposto para que no dia seguinte eu visse que não tinha ou teria.

Espectador irónico de mim mesmo, nunca, porém, desanimei de assistir à vida. E, desde que sei, hoje, por antecipação de cada vaga esperança que ela há-de ser desiludida, sofro o gozo especial de gozar já a desilusão com a esperança, como um amargo com doce que torna o doce doce contra o amargo. Sou um estratégico sombrio, que, tendo perdido todas as batalhas, traça já, no papel dos seus planos, gozando-lhe o esquema, os pormenores da sua retirada fatal, na véspera de cada sua nova batalha.

Tem-me perseguido, como um ente maligno, o destino de não poder desejar sem saber que terei que não ter. Se um momento vejo na rua um vulto núbil de rapariga, e, indiferentemente que seja, tenho um momento de supor o que seria se ele fosse meu, é sempre certo que, a dez passos do meu sonho, aquela rapariga encontra o homem que vejo que é o marido ou o amante. Um romântico faria disto uma tragédia; um estranho sentiria isto como uma comédia: eu, porém, misturo as duas coisas, pois souromântico em mim e estranho a mim, e viro a página para outra ironia.


193

He asistido, de incógnito, al desfallecimiento gradual de mi vida, al zozobrar lento de todo cuanto quise ser. Puedo decir, con aquella verdad que no precisa de flores para que sepamos que está muerta, que no hay cosa que yo haya querido, o en la que yo haya puesto, aunque por un momento sólo, el sueño nada más de ese momento, que no se haya desecho bajo las ventanas como el polvo con apariencia de piedra caído de un tiesto del piso de arriba. Parece incluso que el Destino ha procurado siempre hacerme amar primero aquello que él mismo había dispuesto para que al día siguiente yo viera que ni lo tenía ni había de tenerlo.

Espectador irónico de mí mismo, nunca, sin embargo, perdí las ganas de acudir a la vida. Y, puesto que hoy sé, en la anticipación de cada ligera esperanza, que ha de acabar en desilusión, sufro el goce especial de gozar ya la desilusión junto con la esperanza, como algo amargo con dulce que vuelve lo dulce dulce contra lo amargo. Soy un estratega sombrío que, habiendo perdido todas las batallas, traza ya, sobre el papel de sus planes, disfrutando con su esquema, los pormenores de su retirada fatal, en la víspera de cada nueva batalla.

Me ha perseguido, como un ser maligno, el destino no poder desear sin saber que no he de poseer. Si por un momento veo por la calle el cuero núbil de una jovencita, y, por indiferente que sea, supongo por un momento lo que sería si fuera mío, es seguro que siempre, a diez pasos, de mis sueños, aquella jovencita se encuentra con el hombre que claramente veo que es su marido o su amante. Un romántico haría con esto una tragedia; alguien ajeno sentiría esto como una comedia: yo, sin embargo, mezclo las dos cosas, pues soy romántico en mí y ajeno a mí, y paso la página a otra ironía.

(Traducción de Perfecto E. Cuadrado)


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He asistido, desconocido, al desfallecimiento gradual de mi vida, al zozobrar lento de todo cuanto he querido ser. Puedo decir, con esa verdad que no necesita flores para que se sepa que está muerta, que no hay cosa que yo haya querido, o en que haya puesto, aunque fuese un momento, el sueño solo de ese momento, que no se me haya deshecho debajo de las ventanas como polvo que pareciese piedra, caído de una maceta de un piso alto. Parece, incluso, que el Destino ha procurado siempre, primero, hacerme amar o querer aquello que él mismo había dispuesto para que al día siguiente viese que no lo tenía o tendría.

Espectador irónico de mí mismo, nunca, sin embargo, me he desanimado de asistir a la vida. Y desde que sé, hoy, por anticipación de cada vaga esperanza, que ha de ser desengañada, sufro el gozo especial de disfrutar ya la desilusión con la esperanza, como un amargo con dulce que vuelve lo dulce dulce contra lo amargo. Soy un estratega sombrío que, habiendo perdido todas las batallas, traza ya, en el papel de sus planes, disfrutando de su esquema, los pormenores de su retirada fatal, en la víspera de cada una de sus nuevas batallas.

Me ha perseguido, como un ente maligno, el destino de no poder desear sin saber que tendré que no tener. Si un momento veo en la calle un rostro núbil de muchacha y, aunque sea indiferentemente, disfruto de un momento de suponer lo que pasaría si fuese mío, es siempre cierto que, a diez pasos de mi sueño, esa muchacha encuentra a un hombre que veo que es su marido o su amante. Un romántico haría de esto una tragedia; un extraño sentiría esto como una comedia; yo, sin embargo, mezclo las dos cosas, pues soy romántico en mí y extraño en mí, y vuelvo la página hacia otra ironía.

(Traducción de Angel Crespo, que esta vez hace honor a Pessoa como un “desconocido de sí mismo”)

domingo, 5 de octubre de 2008

Revelación


José María Ridao descubre Los Viajes de Gulliver, de Jonathan Swift :



Cualquier otro día, también sin ruborizarse y desde la altura de El País, nos descubre El cuento de un tonel.


Selección de ediciones ilustradas de Los Viajes de Gulliver en español (tomadas de http://www.ricochet-jeunes.org/)


Los viajes de Gulliver a los países remotos , il. de Francisco Gómez Soler, trad. de L.G.M., 1884.

Los viajes de Gulliver a Lilliput y Brodignac : relatado a los niños, il. de S. de la Portilla, Edit. Cooperativa, 1942.

Los viajes de Gulliver, il. de Gabriele Santini, trad. de Rodolfo Arévalo, Teide, 1970.

Los viajes de Gulliver y otros cuentos, il. de Francisco Ortega, Carmelo Garmendia y Luis Casamitjano, adap. de Laura Martínez Mirón, Bruguera, 1975.

Los viajes de Gulliver, il. de Enrique Guerrero, adap. de Enrique M. Fariñas, Toray, 1976.

Los viajes de Gulliver, il. de José María Álvarez, adap. de Clara Janés, Bruguera, 1980.

Los viajes de Gulliver , il. de Carmen Guerra, adap. de Eugenio Sotillos, Toray, 1981.

Los viajes de Gulliver, il. de Art Studium, Junior, 1982.Los viajes de Gulliver , prólogo de Carmen Bravo-Villasante, Legasa, 1982.

Los viajes de Gulliver, il. de Horacio Elena, adap. de Carlo Frabetti, Océano, 1983.

Los viajes de Gulliver , il. de Grandville, trad. por Pollux, Anaya, 1983.

Los viajes de Gulliver, il. de Chiqui de la Fuente, guión de Carlos R. Soria, Larousse, 1985.

Los viajes de Gulliver, il. de Francisco Meléndez, trad. de Pedro B. Gómez, SM, 1988.





sábado, 27 de septiembre de 2008

Addenda et corrigenda

El índice analítico que se echa en falta en el Borges de Adolfo Bioy Casares [edición al cuidado de Daniel Martino, Barcelona, Ediciones Destino ("Imago Mundi"), 2006, 1664 páginas + 16 de ilustraciones s/n. ISBN 84-233-3873-8. La edición consta de dos impresiones: Bogotá (septiembre), Barcelona (octubre)], y mucho más, en:

http://www.borgesdebioycasares.com.ar/