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domingo, 5 de octubre de 2008

Revelación


José María Ridao descubre Los Viajes de Gulliver, de Jonathan Swift :



Cualquier otro día, también sin ruborizarse y desde la altura de El País, nos descubre El cuento de un tonel.


Selección de ediciones ilustradas de Los Viajes de Gulliver en español (tomadas de http://www.ricochet-jeunes.org/)


Los viajes de Gulliver a los países remotos , il. de Francisco Gómez Soler, trad. de L.G.M., 1884.

Los viajes de Gulliver a Lilliput y Brodignac : relatado a los niños, il. de S. de la Portilla, Edit. Cooperativa, 1942.

Los viajes de Gulliver, il. de Gabriele Santini, trad. de Rodolfo Arévalo, Teide, 1970.

Los viajes de Gulliver y otros cuentos, il. de Francisco Ortega, Carmelo Garmendia y Luis Casamitjano, adap. de Laura Martínez Mirón, Bruguera, 1975.

Los viajes de Gulliver, il. de Enrique Guerrero, adap. de Enrique M. Fariñas, Toray, 1976.

Los viajes de Gulliver, il. de José María Álvarez, adap. de Clara Janés, Bruguera, 1980.

Los viajes de Gulliver , il. de Carmen Guerra, adap. de Eugenio Sotillos, Toray, 1981.

Los viajes de Gulliver, il. de Art Studium, Junior, 1982.Los viajes de Gulliver , prólogo de Carmen Bravo-Villasante, Legasa, 1982.

Los viajes de Gulliver, il. de Horacio Elena, adap. de Carlo Frabetti, Océano, 1983.

Los viajes de Gulliver , il. de Grandville, trad. por Pollux, Anaya, 1983.

Los viajes de Gulliver, il. de Chiqui de la Fuente, guión de Carlos R. Soria, Larousse, 1985.

Los viajes de Gulliver, il. de Francisco Meléndez, trad. de Pedro B. Gómez, SM, 1988.





viernes, 25 de abril de 2008

Palabras

Fuimos luego a la escuela de idiomas, donde tres profesores celebraban consulta sobre el modo de mejorar el de su país.
El primer proyecto consistía en hacer más corto el discurso, dejando a los polisílabos una sílaba nada más, y prescindiendo de verbos y participios; pues, en realidad, todas las cosas imaginables son nombres y nada más que nombres.
El otro proyecto era un plan para abolir por completo todas las palabras, cualesquiera que fuesen; y se defendía como una gran ventaja, tanto respecto de la salud como de la brevedad. Es evidente que cada palabra que hablamos supone, en cierto grado, una disminución de nuestros pulmones por corrosión, y, por lo tanto, contribuye a acortarnos la vida; en consecuencia, se ideó que, siendo las palabras simplemente los nombres de las cosas, sería más conveniente que cada persona llevase consigo todas aquellas cosas de que fuese necesario hablar en el asunto especial sobre que había de discurrir. Y este invento se hubiese implantado, ciertamente, con gran comodidad y ahorro de salud para los individuos, de no haber las mujeres, en consorcio con el vulgo y los ignorantes, amenazado con alzarse en rebelión si no se les dejaba en libertad de hablar con la lengua, al modo de sus antepasados; que a tales extremos llegó siempre el vulgo en su enemiga por la ciencia. Sin embargo, muchos de los más sabios y eruditos se adhirieron al nuevo método de expresarse por medio de cosas: lo que presenta como único inconveniente el de que cuando un hombre se ocupa en grandes y diversos asuntos se ve obligado, en proporción, a llevar a espaldas un gran talego de cosas, a menos que pueda pagar uno o dos robustos criados que le asistan. Yo he visto muchas veces a dos de estos sabios, casi abrumados por el peso de sus fardos, como van nuestros buhoneros, encontrarse en la calle, echar la carga a tierra, abrir los talegos y conversar durante una hora; y luego, meter los utensilios, ayudarse mutuamente a reasumir la carga y despedirse.
Mas para conversaciones cortas, un hombre puede llevar los necesarios utensilios en los bolsillos o debajo del brazo, y en su casa no puede faltarle lo que precise. Así, en la estancia donde se reúnen quienes practican este arte hay siempre a mano todas las cosas indispensables para alimentar este género artificial de conversaciones.
Otra ventaja que se buscaba con este invento era que sirviese como idioma universal para todas las naciones civilizadas, cuyos muebles y útiles son, por regla general, iguales o tan parecidos, que puede comprenderse fácilmente cuál es su destino. Y de este modo los embajadores estarían en condiciones de tratar con príncipes o ministros de Estado extranjeros para quienes su lengua fuese por completo desconocida.