“Mientras jugamos un bridge en mi cuarto, confortablemente y con whisky, nos vemos interrumpidos de nuevo por las sirenas y la incursión de aviones enemigos: diez o quince. A pesar de que la noche es infinitamente clara, los proyectores luminosos –bastante deficientes- barren el cielo. El espectáculo es de una gran emoción: las sirenas que gimen trágicamente, los disparos de la defensa antiaérea, las luces de bengala, el rumor de la ciudad …
Todas las luces están apagadas.
Con los guardias estamos asomados a la ventana de la cocina. La señora de la terraza de arriba ha entrado su canario como lo hace cada vez que hay bombardeo…”
Carlos Morla Lynch, “España sufre. Diarios de guerra en el Madrid republicano”, anotación del 31 de octubre de 1936
viernes, 1 de enero de 2010
martes, 8 de diciembre de 2009
Regreso
domingo, 18 de octubre de 2009
Crítica antológica de una "traducción" de Chomsky
Na traducción asturiana del llibru de Chomsky malapenes podemos siguir el filu del pensamientu d'esti profesor eméritu del Institutu Tecnolóxicu de Massachusetts (MIT). Tropezamos darréu con expresiones y construcciones que voi calificar de rares por ser amable. Podía poner milenta exemplos (y ello ensin acudir al orixinal inglés), pero voi limitame al primer párrafu del llibru, procurando dexar de llau posibles repunancies míes. «Tar n'arba de facer» ye tar nel reborde, non a puntu o a piques de facer. En llegando a aquelles persones que «finaron sofitando a George W. Bush», doi un respigu. De mano, como soi de pueblu, veo forquetos (sofitos) debaxo de Bush, pero traduzo mentalmente la imaxe al asturianu modernu y yá veo «apoyos». Pero ¿y «finaron»? ¿Morrieron dando soporte a Bush? Non tal, claro. L'autor fala de xente qu'acabó apoyando a Bush. Quien nun seya a estremar los matices sutiles qu'hai ente acabar y finar nun había de dedicase a traducir o, polo menos, nun debía publicar. Ente otres coses, pa que nengún falante tenga que dicinos qu'«esto nun ye bable nin Cristo que lo fundó».
domingo, 13 de septiembre de 2009
La otra cara del Guernica
El Guernica es un Belén, una composición de un Nacimiento tal y como se viene representando en Europa y particularmente en España desde que, introducido por Carlos III, se convirtió en un motivo de regocijo familiar tradicional en la intimidad de la celebración de la Navidad. Un Belén con todos sus elementos: el buey, la mula, la Virgen, San José, y los pastores, además de la estrella y el ángel anunciador, en el instante que sigue a la súbita destrucción.
Evidentemente, Picasso transforma el modelo para que esa «adoración de los pastores» represente el horror, no de la guerra en general, sino de la Guerra de España en particular. El buey se transforma en un toro, siempre cerca de la Virgen. La mula se transforma en el caballo del picador en la corrida de toros, por eso aparece ataviado con el peto defensivo, con los pañuelos que envuelven su pecho y una de sus patas, mientras cae abatido por la misma lanza del picador, clavada en su grupa, cuya punta asoma por el vientre. La Virgen destrozada, sostiene al niño Jesús en brazos, muerto por las explosiones. No es la Piedad, porque no sostiene a Jesucristo arrancado de la Cruz, sino al niño Jesús reventado por las bombas. Aquí es donde arraiga el máximo patetismo de la escena. San José no es solamente el guerrero muerto que empuña una espada rota, es también una figurilla destrozada. Su cabeza, al igual que la mano que empuña la espada, parece más un trozo de una pieza del Nacimiento que un cuerpo desgarrado.
Asimismo, el personaje que ilumina la escena entrando desde la ventana de la derecha es el ángel anunciador de los pastores, y no meramente alguien sorprendido en el lecho por las bombas. Las dos mujeres que aparecen por la derecha, la mujer con la toquilla y la que eleva sus brazos al cielo, son los pastores que entran en escena en la adoración, una de ellas, al correr hacia la Virgen con el niño muerto, parece también arrodillarse. Del mismo modo, la Estrella de Oriente es la bombilla cenital estrellada que ilumina la escena.
Esta idea me pareció siempre demasiado arriesgada para presentarla en público, hasta que, buscando entre los intérpretes, encontré al menos dos planteamientos que coincidían plenamente con ella. Una proviene del genial Quino, que en dos viñetas nos cuenta la historia de una mujer que encarga a una señora de la limpieza la ordenación de un salón en el que figura una reproducción del Guernica. La mujer pone tanto celo en su trabajo que ordena el cuadro colocando los animales en el establo a la derecha, y los demás personajes a la izquierda en un orden que podría recordar un Belén. Más tarde encontré que el historiador del arte Jean Clair había propuesto una interpretación del Guernica como un Nacimiento invertido. La idea, por tanto, tiene un fundamento racional y ya podemos encontrar algunos artículos en Internet, uno muy interesante, firmado por Héctor Solsona Quilis, y otro por Luís Marián, que establecen esta relación sin ambigüedad.
Pablo Huerga Melcón, “La otra cara del Guernica”, Nómadas. Revista Crítica de Ciencias Sociales y Jurídicas | 23 (2009.3)
http://www.ucm.es/info/nomadas/23/pablohuerga_es.pdf
http://www.nodulo.org/ec/2009/n090p13.htm
Héctor Solsona Quilis, “Teología del Guernica. (El Guernica de Picasso como primer cuadro de la muerte de Dios)”, A Parte Rei . Revista de Filosofía, 20, 2002
http://serbal.pntic.mec.es/~cmunoz11/guernica.pdf
Luis Marián, “AntiNavidad: Guernica y Belén”
http://www.protestantedigital.com/new/leerarticulo.php?265
Evidentemente, Picasso transforma el modelo para que esa «adoración de los pastores» represente el horror, no de la guerra en general, sino de la Guerra de España en particular. El buey se transforma en un toro, siempre cerca de la Virgen. La mula se transforma en el caballo del picador en la corrida de toros, por eso aparece ataviado con el peto defensivo, con los pañuelos que envuelven su pecho y una de sus patas, mientras cae abatido por la misma lanza del picador, clavada en su grupa, cuya punta asoma por el vientre. La Virgen destrozada, sostiene al niño Jesús en brazos, muerto por las explosiones. No es la Piedad, porque no sostiene a Jesucristo arrancado de la Cruz, sino al niño Jesús reventado por las bombas. Aquí es donde arraiga el máximo patetismo de la escena. San José no es solamente el guerrero muerto que empuña una espada rota, es también una figurilla destrozada. Su cabeza, al igual que la mano que empuña la espada, parece más un trozo de una pieza del Nacimiento que un cuerpo desgarrado.
Asimismo, el personaje que ilumina la escena entrando desde la ventana de la derecha es el ángel anunciador de los pastores, y no meramente alguien sorprendido en el lecho por las bombas. Las dos mujeres que aparecen por la derecha, la mujer con la toquilla y la que eleva sus brazos al cielo, son los pastores que entran en escena en la adoración, una de ellas, al correr hacia la Virgen con el niño muerto, parece también arrodillarse. Del mismo modo, la Estrella de Oriente es la bombilla cenital estrellada que ilumina la escena.
Esta idea me pareció siempre demasiado arriesgada para presentarla en público, hasta que, buscando entre los intérpretes, encontré al menos dos planteamientos que coincidían plenamente con ella. Una proviene del genial Quino, que en dos viñetas nos cuenta la historia de una mujer que encarga a una señora de la limpieza la ordenación de un salón en el que figura una reproducción del Guernica. La mujer pone tanto celo en su trabajo que ordena el cuadro colocando los animales en el establo a la derecha, y los demás personajes a la izquierda en un orden que podría recordar un Belén. Más tarde encontré que el historiador del arte Jean Clair había propuesto una interpretación del Guernica como un Nacimiento invertido. La idea, por tanto, tiene un fundamento racional y ya podemos encontrar algunos artículos en Internet, uno muy interesante, firmado por Héctor Solsona Quilis, y otro por Luís Marián, que establecen esta relación sin ambigüedad.
Pablo Huerga Melcón, “La otra cara del Guernica”, Nómadas. Revista Crítica de Ciencias Sociales y Jurídicas | 23 (2009.3)
http://www.ucm.es/info/nomadas/23/pablohuerga_es.pdf
http://www.nodulo.org/ec/2009/n090p13.htm
Héctor Solsona Quilis, “Teología del Guernica. (El Guernica de Picasso como primer cuadro de la muerte de Dios)”, A Parte Rei . Revista de Filosofía, 20, 2002
http://serbal.pntic.mec.es/~cmunoz11/guernica.pdf
Luis Marián, “AntiNavidad: Guernica y Belén”
http://www.protestantedigital.com/new/leerarticulo.php?265
domingo, 9 de agosto de 2009
Correctores de estilo de Le Monde

Mots perdus » Olla-podrida
Une maison de pêcheur abandonnée, sur les rives du lac Prespa, qui baigne à la fois la Grèce, l’Albanie et la Macédoine yougoslave. Nous sommes ici au cœur de la Macédoine historique, en pleine macédoine de nationalités, de religions et d’alphabets (le latin pour l’albanais, le grec, et le cyrillique pour le macédonien). Du temps où cette région appartenait à l’Empire ottoman, elle était bien plus hospitalière et ne connaissait pas les frontières. Depuis elle a été partagée entre de multiples Etats, plus ou moins hostiles. Il y a encore dix ans, la rive grecque du lac était zone interdite, pour cause de proximité avec l’Albanie. Il y a plus d’un demi-siècle, pendant la guerre civile grecque (1946-1949), la région était tenue par les insurgés communistes, qui y avaient installé une sorte de kolkhoze de pêche. Olla-podrida : mot espagnol qui signifie “pot-pourri” et qui était souvent employé pour rendre compte de la diversité nationale de la Macédoine.
http://correcteurs.blog.lemonde.fr/wp-content/plugins/fgallery/fim_photos___a__3607__s__mots-perdus__i__photo3.jpg.html
olla podrida.
1. f. La que, además de la carne, tocino y legumbres, tiene en abundancia jamón, aves, embutidos y otras cosas suculentas.
lunes, 6 de julio de 2009
Familia conventual
L' abbesse était élue à vie par l'ensemble des religieuses de choeur. Son pouvoir était tempéré par la réunion hebdomadaire des choristes en chapitre et par la soumission due à l'évêque.
La prieure était élue par l'ensemble des religieuses de choeur pour un terme de trois années. Elle devait seconder l'abbesse et la remplacer en cas de maladie ou de décès.
Les autres officières du couvent étaient nommées directement par l' abbesse pour un mandat qui durait vraisemblablement trois ans.
L'économe gérait les comptes du couvent.
La sacristine veillait à l'entretien des vêtements et des ornements liturgiques et avait théoriquement trois autres religieuses sous ses ordres.
Selon le règlement, le soin de la cave était confié à deux moniales et recouvrait deux domaines distincts : d' une part, l'achat et la vente du vin, ainsi que sa distribution pour le culte, la cuisine ou les récréations des soeurs; d' autre part, la gestion des travaux manuels réalisés dans le couvent.
La soeur infirmière devait secourir les malades et veiller à ce que le matériel médical
soit en bon état. La religieuse chargée de la cuisine était aidée d' une ou de plusieurs soeurs converses.
Il y avait théoriquement deux portières. Elles étaient chargées d'ouvrir les portes aux personnes qui avaient obtenu l'autorisation d'entrer dans la clôture et elles recevaient les produits livrés par les fournisseurs.
Les religieuses devaient observer le silence et vivaient cloîtrées.
Les moniales se levaient vers quatre heures du matin en été (cinq heures en hiver), pour se rendre directement à l'office de prime. Ensuite, elles prenaient leur collation matinale au réfectoire. Les repas ne devaient pas excéder une demi-heure et devaient se dérouler en silence. Après la collation matinale, les religieuses s'employaient aux occupations qui leur étaient dévolues (travail manuel, domestique, office). Le reste de la journée s'articulait entre les deux repas vers quatorze heures trente et dix-neuf heures trente, et les principaux offices : vêpres à quinze heures, complies à di x-huit heures. Les religieuses se couchaient vers vingt ou vingt et une heures et se relevaient peu avant minuit pour célébrer les matines.
LIBERT Marc, "Vie quotidienne des couvents féminins de Bruxelles au siècle des Lumières (1754-1787)" in Etudes sur le XVIIIè siècle, Volume hors-série 9, Editions de l’Université de Bruxelles, 1999.
http://digistore.bib.ulb.ac.be/2008/a066_1999_HS009_f.pdf
La prieure était élue par l'ensemble des religieuses de choeur pour un terme de trois années. Elle devait seconder l'abbesse et la remplacer en cas de maladie ou de décès.
Les autres officières du couvent étaient nommées directement par l' abbesse pour un mandat qui durait vraisemblablement trois ans.
L'économe gérait les comptes du couvent.
La sacristine veillait à l'entretien des vêtements et des ornements liturgiques et avait théoriquement trois autres religieuses sous ses ordres.
Selon le règlement, le soin de la cave était confié à deux moniales et recouvrait deux domaines distincts : d' une part, l'achat et la vente du vin, ainsi que sa distribution pour le culte, la cuisine ou les récréations des soeurs; d' autre part, la gestion des travaux manuels réalisés dans le couvent.
La soeur infirmière devait secourir les malades et veiller à ce que le matériel médical
soit en bon état. La religieuse chargée de la cuisine était aidée d' une ou de plusieurs soeurs converses.
Il y avait théoriquement deux portières. Elles étaient chargées d'ouvrir les portes aux personnes qui avaient obtenu l'autorisation d'entrer dans la clôture et elles recevaient les produits livrés par les fournisseurs.
Les religieuses devaient observer le silence et vivaient cloîtrées.
Les moniales se levaient vers quatre heures du matin en été (cinq heures en hiver), pour se rendre directement à l'office de prime. Ensuite, elles prenaient leur collation matinale au réfectoire. Les repas ne devaient pas excéder une demi-heure et devaient se dérouler en silence. Après la collation matinale, les religieuses s'employaient aux occupations qui leur étaient dévolues (travail manuel, domestique, office). Le reste de la journée s'articulait entre les deux repas vers quatorze heures trente et dix-neuf heures trente, et les principaux offices : vêpres à quinze heures, complies à di x-huit heures. Les religieuses se couchaient vers vingt ou vingt et une heures et se relevaient peu avant minuit pour célébrer les matines.
LIBERT Marc, "Vie quotidienne des couvents féminins de Bruxelles au siècle des Lumières (1754-1787)" in Etudes sur le XVIIIè siècle, Volume hors-série 9, Editions de l’Université de Bruxelles, 1999.
http://digistore.bib.ulb.ac.be/2008/a066_1999_HS009_f.pdf
domingo, 5 de julio de 2009
Clavicordio ocular (2)
Bibliografía complementaria a la anotación del 25 de marzo de 2008:
MORTIER Roland, HASQUIN Hervé, eds., "Autour du Père Castel et
du clavecin oculaire" in Etudes sur le XVIIIè siècle, Volume XXIII,
Editions de l’Université de Bruxelles, 1995.
http://digistore.bib.ulb.ac.be/2008/a053_1995_023_f.pdf
MORTIER Roland, HASQUIN Hervé, eds., "Autour du Père Castel et
du clavecin oculaire" in Etudes sur le XVIIIè siècle, Volume XXIII,
Editions de l’Université de Bruxelles, 1995.
http://digistore.bib.ulb.ac.be/2008/a053_1995_023_f.pdf
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