Yo era eso que los sociólogos llaman un ‘pequeñoburgués liberal’, ciudadano de una república democrática y parlamentaria. (…)
Antifascista y antirrevolucionario por temperamento, me negaba sistemáticamente a creer en la virtud salutífera de las grandes conmociones y aguardaba trabajando, confiado en el curso fatal de las leyes de la evolución. Todo revolucionario, con el debido respeto, me ha parecido siembre algo tan pernicioso como cualquier reaccionario. (…)
De mi pequeña experiencia personal, puedo decir que un hombre como yo, por insignificante que fuese, había contraído méritos bastantes para haber sido fusilado por los unos y por los otros. Me consta por confidencias fidedignas que, aun antes de que comenzase la guerra civil, un grupo fascista de Madrid había tomado el acuerdo, perfectamente reglamentario, de proceder a mi asesinato como una de las medidas preventivas que había que adoptar contra el posible triunfo de la revolución social, sin perjuicio de que los revolucionarios, anarquista y comunistas, considerasen por su parte que yo era perfectamente fusilable.
Cuando estalló la guerra civil, me quedé en mi puesto cumpliendo mi deber profesional. (…) Vi entonces convertirse en comunistas fervorosos a muchos raccionarios y en anarquistas terribles a muchos burgueses acomodados. La guerra y el miedo lo justificaban todo.
Hombro a hombro con los revolucionarios, yo, que no lo era, luché contra el fascismo con el arma de mi oficio. No me acusa la conciencia de ninguna apostasía. Cuando no estuve conforme con ellos, me dejaron ir en paz.
Me fui cuando tuve la íntima convicción de que todo estaba perdido y ya no había nada que salvar, cuando el terror no me dejaba vivir y la sangre me ahogaba. ¡Cuidado! En mi deserción pesaba tanto al sangre derramada por las cuadrillas de asesinos que ejercían el terror rojo en Madrid como las que vertían los aviones de Franco, asesinando mujeres y niños inocentes. (…) Los ‘espíritus fuertes´ dirán seguramente que esta repugnancia por la humana carnicería es un sentimentalismo anacrónico. Es posible. Pero, sin grandes aspavientos, sin dar a la vida humana más valor del que puede y debe tener en nuestro tiempo, ni a la acción de matar más trascendencia de la que la moral al uso pueda darle, yo he querido permitirme el lujo de no tener ninguna solidaridad con los asesinos. Para un español quizás sea éste un lujo excesivo. (…)
Cuando el gobierno de la República abandonó su puesto y se marchó a Valencia, abandoné yo el mío. Ni una hora antes, ni una hora después. Mi condición de ciudadano de la República no me obligaba a más ni a menos. (…)
martes, 14 de abril de 2009
Nathan Zuckerman traduce a Pessoa
“Os sentimentos que mais doem, as emoções que mais pungem, são os que são absurdos - a ânsia de coisas impossíveis, precisamente porque são impossíveis, a saudade do que nunca houve, o desejo do que poderia ter sido, a mágoa de não ser outro, a insatisfação da existência do mundo.”
“Lo cierto es que los músicos habían puesto al descubierto nuestras ideas más juveniles e inocentes sobre la vida, el anhelo indestructible de la manera en que las cosas no son y jamás podrán ser.”
“Lo cierto es que los músicos habían puesto al descubierto nuestras ideas más juveniles e inocentes sobre la vida, el anhelo indestructible de la manera en que las cosas no son y jamás podrán ser.”
domingo, 15 de marzo de 2009
Bombardeos
Cuando en una camilla llevan a una pobre muy despanzurrada o a un niño que ya no es más que un revoltijo de trapos y sangre, la muchedumbre de curiosos se siente estremecida por el horror. Cuando el que pasa exánime en las parihuelas es un varón adulto, el hecho, por esperado, parece naturalísimo y nadie se siente obligado a conmoverse. La capacidad de emoción, limitada, exige también economías. En la guerra no se administra el sentimiento con la misma largueza que en la paz.
Manuel Chaves Nogales
Manuel Chaves Nogales
sábado, 14 de marzo de 2009
lunes, 23 de febrero de 2009
Piedras

En El Corazón de las tinieblas (Alianza Editorial, 1976, en traducción de Araceli García Ríos e Isabel Sánchez Araujo (prólogo y notas de la primera): “Como pesaba dieciséis piedras, tuve continuas peleas con los porteadores”. La nota 17 a pié de página precisa: “ 'stone', unidad de peso inglesa equivalente a 6,350 kilogramos, aproximadamente". Podría haber añadido: es decir, 14 libras.
En la traducción de Sergio Pitol editada por Mondadori el personaje engorda, pesa 120 kilos.
viernes, 23 de enero de 2009
lunes, 19 de enero de 2009
Excelencia culinaria
La madre de Steena Palsson “es una cocinera fantástica, si no te gustan las especias ni la sal ni la pimienta ni el sabor de ninguna clase”.
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